La tecnología LED es algo relativamente novedoso en la vida cotidiana, pero lo cierto es que esta tecnología tiene más historia de la que pueda parecer a simple vista.


Los LED son diodos cuya peculiaridad es que cuando el electrón salta de una parte a otra se emite un fotón de luz. Los primeros LED era de color rojo y durante años han sido muy utilizados en los aparatos electrónicos para señalar que el aparato se encuentra en “stand By”.

Con los avances se fue consiguiendo que la luz emitida fuera variando de color, consiguiendo gamas desde el naranja hasta el verde para llegar posteriormente al azul más de 50 años después del primer LED rojo.

Aunque el descubrimiento del LED azul podría haber pasado inadvertido, a día de hoy sin este LED azul no podríamos tener iluminación LED tal y como la conocemos y el uso de este tipo de bombillas seguiría siendo muy marginal. Es precisamente la luz azul la que nos permite tener bombillas de LED con luz blanca.

La luz blanca no existe realmente, es un truco de nuestro cerebro que nos hace percibir como blanco algo que en realidad es de otro color. Pero para que eso ocurra es necesario emitir varias longitudes de luz visibles a la vez, de modo que nuestro cerebro lo interprete como luz blanca.

La prueba de ello puede observarse en la pantalla de cualquier móvil o en las bombillas LED. Aunque la luz se percibe como blanca, en realidad dicha luz está siendo emitida por bombillas de color rojo, verde y azul.

No es la única manera de conseguir luz de LED blanca, otra opción es usar fósforo para transformar la luz de un LED azul en una luz blanca, aunque en este caso la eficiencia del dispositivo será menor, por lo que no es una técnica muy usada.

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